domingo, 7 de febrero de 2016

LA ETERNIDAD



Los límites de la mente humana no permiten dimensionar la plenitud de Dios. Esto se debe a que los pensamientos de Dios escapan del alcance terrenal, según afirma el profeta Isaías: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová”[1]. Dicho de otra manera, el hombre nunca podrá correr a la velocidad de Dios.

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